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ALEXANDER ALEKHINE

Alexander Alekhine: La nieve ardiente de Rusia.

Por: Alberto Barreras, M.I.

En un medio favorable, los frutos son mejores... así sucedió en los primeros pasos de Alexander Alekhine en el ajedrez. Nació el 1° de Noviembre de 1892 en Moscú. Comenzó a jugar cuando tenía 7 años y se dedicó seriamente al juego cuando cumplió 12. En la familia, todos gustaban del ajedrez, su hermano Alejo le vencía inicialmente, y ambos jugaban el Ajedrez Postal porque en aquellos tiempos, a los jovencitos les era prohibido frecuentar las salas de ajedrez. Alekhine se apasionó tanto por el juego, que le dedicó totalmente su fenomenal talento. Dijo: “Por un lado, la búsqueda de la verdad, y por otro la tendencia a la lucha, hicieron de mi un Maestro. De niño advertí que tenía capacidad para este juego y que me entusiasmaba inconteniblemente. Eduqué mi carácter en el ajedrez, que como toda actividad humana, enseña a ser objetivo y contribuye a adquirir maestría si uno reconoce sus defectos y errores”.

Ya en sus primeros pasos se observa que trabajó incansablemente en el dominio del ajedrez y sus progresos fueron constantes. A los 16 años ganó lo que daba en llamarse Torneo Nacional de Aficionados, que se celebró en San Petersburgo. Participó en varios torneos fuera de Rusia y cada vez con mejores resultados.

¿En qué consiste el progreso de Alekhine? Tartakower lo explica así:

1) Su afición incondicionada al ajedrez, que consideró un verdadero arte.
2) Un intelecto muy desarrollado y sólida instrucción.
3) Inagotable fuente de ideas.
4) Constante trabajo de perfeccionamiento, pero no por recopilación de variantes, sino por replanteamiento artístico de esquemas, planes de juego y combinaciones.
5) Plantear problemas al adversario con cada jugada.
6) La serenidad ante la victoria y la derrota, considerando que cada logro era una etapa del camino a recorrer.

De 1909 a 1914 participó en innumerables eventos. El estallido de la Primera Guerra Mundial lo sorprendió participando en el Torneo Internacional de Manheim. Ya Alekhine era un jugador de clase; pero aparentemente lejos de los Rubinstein, Marshall, Capablanca, y otros; sin embargo, en el Torneo de San Petersburgo de 1914 sorprende a todos con su tercer lugar detrás de Lasker y Capablanca, por la calidad de sus partidas y la brillantez de sus ideas. Alekhine dijo que estudiaba con profundidad las partidas de Capablanca, pues iba a disputarle el título de Campeón del Mundo... ¡Cuando el Campeón era Lasker! Pero el “Gran Alejandro” sabía, con esa perspectiva genial que siempre guió sus combinaciones, que el título en cualquier momento cambiaría de manos, y él, por el momento, no estaba preparado para disputarle a Lasker la corona, pero cuando reinara Capablanca, él confiaba en haber alcanzado el tope de su maestría.

De sus primeros años es esta partida:

Desde 1914 hasta 1921, cuando el mundo comenzó a recuperarse de las desgarraduras de la guerra, Alekhine apenas participó en Torneos. En 1921 viaja a Berlín y París y durante 6 meses juega en todo lo que puede, incluyendo matches con Teichman y Saemisch. Gana los Torneos de Triberg, Budapest y La Haya, despertando la atención del mundo del ajedrez. Su arsenal teórico es superior al de todos, su preparación es sorprendente, y la pasión de su entrega le supera en cada presentación.

Sus predicciones de enfrentarse a Capablanca estaban acercándose, pues el cubano ya era el Campeón del Mundo desde 1921. En 1922 se celebra en Londres un fuerte Torneo en el que Capablanca estrena su título de Campeón de manera arrolladora por demás. Surgen las famosas “Reglas de Londres”, según las cuales, Capablanca aceptaba cualquier desafío, siempre y cuando el retador depositara 10,000 dólares en el fondo destinado a los premios. Esta cantidad de dinero en la época era muy alta y crea una profunda desilusión en la mayoría de los maestros, cuyo sustento dependía casi de sus actuaciones. Reunir esa cantidad era algo fuera del alcance de cualquiera, a no ser que fuera patrocinado. Alekhine se lanza a ganar la fama que le garantice el dinero necesario para enfrentar a Capablanca y se convierte en un verdadero errante del ajedrez. Abandona Rusia con ese fin... y mal intencionadas interpretaciones de algunas de sus declaraciones, le cierran las puertas de la Patria para siempre.

De la época de su búsqueda del trono es esta partida:

Por fin Alekhine consigue en Argentina que alguien creyera en sus posibilidades y a pesar de la victoria contundente de Capablanca en New York 1927, el match se concierta para fines de ese mismo año. Todos predecían el triunfo de Capablanca, incluso alguien decía que Alekhine no ganaría ninguna partida... solamente Reti dijo que Alekhine podía ganar.

Casi 60 años después, en el match Karpov – Kasparov, de 1984 se observó repetida la historia de 1927 cuando Kasparov iba retroalimentándose del estilo de Karpov, aprendiendo y superándose sobre la marcha e incluso fue capaz de llegar a absorber las virtudes del estilo de su adversario. Así sucedió con Alekhine, que además, era más dispuesto a luchar que el cubano. Su victoria de 6 por 3 con 25 empates le dio el título que salió a buscar 6 años antes.

Su época de Campeón fue brillante, entre 1927 y 1933 ganó los 15 torneos en que participó, sin incluir sus victorias en dos matches frente a Bogoljubow. Entre sus más destacados éxitos están sin duda San Remo 1930 (13 victorias y dos empates en 15 encuentros), y Bled 1931 (15 triunfos y 11 tablas en un torneo de 14 grandes maestros a doble vuelta), donde se encontraba la élite del ajedrez mundial excepto Capablanca. Es significativo que Alekhine, entre 1927 y 1935, jugó 183 partidas de torneos, ganó 127, entabló 52 y perdió solamente ¡4!

En Hastings 1933 queda segundo y comienza otra racha donde nuevamente gana todos los torneos hasta 1936. En 1935 había perdido un match con el Dr. Euwe por el título, que recuperó en 1937. De esos años se cuentan muchas cosas... en 1935 Alekhine atravesaba una profunda crisis depresiva que le había hecho acudir al alcohol con exceso, y perdió con Euwe por un estrecho margen de 8 victorias contra 9 y 13 tablas. Al año siguiente Alekhine había incorporado a su dieta la leche, en sustitución del alcohol, e incluso hay quienes bromean diciendo que en el segundo match con Euwe, que se jugó en Holanda, Alekhine viajaba con una vaca en el tren. Lo cierto es que el “Gran Alejandro” era drástico en sus soluciones. La revancha fue un éxito total de Alekhine, que derrota a Euwe 9 victorias frente a 4 derrotas y 13 tablas, recuperando su cetro.

Su viajar constante le da victorias en lugares tan distantes como Montevideo, Margate y Plymouth en 1938; pero en A.V.R.O. viene un fracaso ante la nueva generación cuando queda 4to – 5to. En 1939, luego de la Olimpiada de Buenos Aires, en el camino de regreso a Europa, gana torneos en Montevideo y Caracas.

El estallido de la Segunda Guerra Mundial lo descompensa y aniquila espiritualmente. Dijo en España con tono de desesperación: “En la Primera Guerra yo tenía 22 años, ahora tengo 48 y no podré volver a comenzar.” Los nazis, que ocupaban Francia, mantenían retenida a su esposa, y de esa manera obligaban a Alekhine a jugar los torneos que Alemania organizaba en los países ocupados. Ganó todos esos torneos, excepto Munich 1941, hasta que logró llegar a España en 1944, cuando comenzó su agonizante final. En la península actuó sin el brillo que le caracterizaba, y si bien sus récords son muy favorables, el ajedrez español no estaba en condiciones de ofrecer a Alekhine adversarios dignos de él. En 1945 se trasladó a Portugal, a un pequeño pueblo llamado Estoril. La soledad lo consumía. El alejamiento de los grandes torneos lo deprimía y el alcohol volvió a ser su compañero, además de tener como huésped indeseado una alta tensión arterial.

Comienza a prepararse para jugar en Londres lo que dio en llamarse el “Torneo de la Victoria”, pero los ingleses se opusieron a su participación acusándole de colaborar con los nazis en los torneos que estos organizaron durante la ocupación, incluso pretendieron despojarlo de la corona. Esto fue una estocada mortal para Alekhine. Al ganar Botvinnik el torneo de Groningen, en 1946, repite oficialmente su reto a Alekhine que ya había sido formulado en 1939 para disputarle la Campeonato Mundial, obviando las arbitrariedades de los ingleses con relación al título, que dicho sea de paso se pretendía disputar entre Euwe, como “heredero” de Alekhine, y la nueva estrella de Occidente, Reshevsky. Alekhine propone que sea en Moscú y el gobierno soviético acepta. Alekhine comienza su preparación en la pequeña habitación del Hotel “Park”, donde residía en Estoril para su encuentro con Botvinnik... y con la Patria.

Veamos uno de sus encuentros de su época de invencible:

La madre Rusia extendía los brazos al hijo pródigo en los momentos más difíciles de su vida. El 24 de marzo de 1946 la muerte derrota sorpresivamente al genio. La cabeza inclinada sobre su pecho y un poco de espuma asomando de su boca, con unas piezas combatiendo en un pequeño tablero de ajedrez sobre la mesa y una cena sin tocar, es su última imagen.

Inicialmente fue sepultado en Portugal, luego sus restos fueron trasladados al cementerio de Montparnasse, en Francia.

Sobre Alekhine, la opinión de Botvinnik es la más completa: “Su fuerza estribó, sin duda, en saber alternar los elementos artísticos con los prácticos, pero él es importante como artista para el mundo del Ajedrez. Dominó profundamente la técnica, pues sin ella no es posible la maestría, y se distinguió por la profundidad de sus planes, sus dilatados cálculos y su inagotable fantasía; sin embargo, su visión combinatoria constituyó su fuerza principal. Veía la posibilidad de combinar donde otros ni siquiera la sospechaban, por eso sus combinaciones eran impresionantes y capaces de quebrantar toda resistencia. La obra ajedrecística de Alekhine existirá a través de los siglos, el análisis de sus partida cautivará a las generaciones venideras que admirarán la fuerza de su genio”.